lunes, junio 12, 2006

Entrevista con Bill Carrothers parte II 6/11/2006


(Por cierto, a todos aquellos que se perdieron a Ernesto Jodos tocando el piano estos días en Bcn y aledaños, a ver si se enteran. Que son pocos los artistas de su talla que andan haciendo música por ahí.)


Para aquellos que aún no lo conozcan, cabe una breve introducción:

Bill Carrothers es un pianista de Jazz con más de veinte años de trayectoria. Tocó en clubes tales como el Village Gate, el Knitting Factory, el Birdland, el Blue Alley, o el New Morning (Paris). Participó en los festivales de Jazz de Montréal, en el de Marciac (Francia), en el “Audi Jazz Festival” de Bruselas, en el “Nevers Jazz Festival” y recientemente en el 37 festival de Jazz de Barcelona. Trabajó como “sideman” de algunos popes del Jazz como Joe Beck, Scout Colley, Buddy DeFranco , Dave Douglas, Curtis Fuller, Eric Gravatt, Drew Gress, Tim Hagans, Billy Higgins, Lee Konitz, James Moody, Matt "Guitar" Murphy, Gary Peacock, Dewey Redman, Charlie Rouse, James Spaulding, Bill Stewart, Ira Sullivan, Toots Thielemans, and Benny Wallace. Lleva editados más de nueve discos como solistas, todos bien recibidos por la crítica especializada, sobre todo la francesa.
Aún es un músico parcialmente desconocido en España, aunque parece comenzar a ganarse un pequeño lugar en el corazón del público catalán, luego de haber tocado por primera vez en Barcelona el pasado noviembre del 2005.
Quizás el reconocimiento tardío de Carrothers por parte del público y de un sector de la crítica se deba a que la propuesta musical de Carrothers no es convencional, no es un mero pianista de be-bop o de hard-bop. Sin embargo es innegable la poderosa presencia de una tradición jazzística detrás de lo que toca. Tampoco es un abanderado de la vanguardia más experimental, aunque sus incursiones dentro de lo que sería una dialéctica más “free” son evidentes. En Carrothers parecen convivir estos y más elementos de un modo orgánico, palabra que tanto gusta al propio Bill. Hay también un rechazo bastante sistemático de la pirotecnia técnica en su manera de tocar el piano, él mismo dice no interesarse por este aspecto en su música. Finalmente, basta con entrar a su ecléctica página Web (www.carrothers.com) para descubrir que Bill se presenta a sí mismo no sólo como un pianista de Jazz, sino también como un futuro jugador de base-ball brillante, como un escritor amateur, y como padre de una hermosa familia. Este detalle, que a primeras parece accesorio o un simple recurso humorístico, habla del pensamiento musical de Carrothers más de lo que creemos, pero no es el momento de explayarnos sobre este punto.
Nos conformaremos con decir que el sello distintivo de Carrothers probablemente es el tratamiento que hace de las canciones, tanto standards, canciones de guerra u originales: esconde detrás de estas melodías cotidianas y sencillas un profundo mundo emocional construido a través de armonías sofisticadas, abstractas y algo oscuras. Quizás sea con la figura de Charles Ives, el gran compositor americano, originario de Connecticut (como Bill), con quien se lo pueda emparentar en esta búsqueda. O de un modo más directo con el pianista Marc Copland, su contemporáneo, con quien grabará próximamente un disco a piano dúo.
Les recomendamos tres discos de Bill: After Hours, Armistice 1918 y Civil War diaries, los tres editados por Bridge Boy Music, los dos primeros en un formato de trío más invitados y el último a piano sólo.
Convencidos de que detrás de ese sonido propio se esconde también un personaje genuino y un pensamiento original, fuimos a entrevistarlo veinte minutos antes del concierto que diera en el club Zacs el pasado 11 de noviembre, aquí en Barcelona. Tuvimos con él esta curiosa conversación:
LPC: Qué significa para tí la música?
BC: Es un idioma más, como el Inglés o el Español, otra forma de hablar con la gente. Inclusive una forma más directa de comunicarse, porque las palabras a veces…en fin… alguna vez alguien dijo que el mejor invento del diablo había sido el lenguaje, que tanto crea malentendidos como los resuelve…La música es mucho más directa. Y es también una forma de meditación, no en el sentido “new age” de la palabra, sino en el de mantenerse muy concentrado, lo cual realmente me agrada. Por otro lado es un modo de contar historias, otra actividad que me entusiasma. Por esta razón me gusta escribir…
LPC: Creo recordar uno de los textos que tienes colgado en tu página Web: uno que explica la experiencia de estar revolviendo y buscando entre viejas canciones olvidadas. ¿Esa búsqueda se convierte en una suerte de “viaje en el tiempo”? ¿Cómo explicaría su vínculo con el pasado: viejos temas, viejos compositores…?
BC: De pequeño mi madre solía cantarme muchos standards, conocía una tonelada de canciones, incluídas las letras. Igualmente mi padre. Ninguno de ellos era músico, pero a ambos les interesaba la música. Nacieron en los años treinta, y escucharon todas aquellas canciones de los “días de radio”, las de la Segunda Guerra Mundial, y se las sabían. Y fue así que me las pasaron, mi madre me las cantaba. No lo hacía de un modo sistemático ni esforzándose por enseñarme, era algo que hacía naturalmente. Iba por la casa cantando estas canciones y tocaba algunas en el piano, sabe leer música pero no puede improvisar. Por lo tanto crecí escuchando todo esto. En cuanto a lo de ser un “viajero en el tiempo”, no es exactamente así como me siento. Es una idea que otros me adjudican más a menudo de lo que yo mismo la pienso. Pero sí es cierto que me gustan las cosas “viejas”: los zapatos viejos, la gente vieja, las canciones viejas. Los muebles viejos, los coches viejos y las casas antiguas. No confío demasiado en las cosas nuevas, es decir, sí confío, pero, por ejemplo, prefiero tener una conversación con una señora de ochenta y cinco años que con una joven de veinticinco. Me gusta ese aspecto de la música, cuando estás tocando y estás realmente involucrado, ese estado de meditación me transporta a un enjambre en el tiempo donde me siento casi conversando con fantasmas. Me conecto con la gente que tocó la misma canción años atrás, o, en el caso de las canciones de guerra, me imagino a los soldados en el frente, combatiendo, y esto te hace pensar lo poco que sabemos sobre ellos, y que quizás ellos también conversan, bueno, no lo sabemos, pero prefiero imaginarme que sí...
LPC: Es una idea interesante, algo así como un diálogo entre almas…
LPC: Y entre el pasado y el presente…Abraham Lincoln decía que una cosa maravillosa del lenguaje es que, escribiendo, puedes comunicarte con gente en una lengua qué aún no se ha hablado, en un tiempo inexistente. Y creo que esto de hablar a través del tiempo también es muy propio de la música. Puedes coger ideas de Abraham Lincoln aunque lleve ciento cuarenta años muerto. Y sus ideas siguen vivas. También puedes leer a Shakespeare, o fascinarte frente a la pasión de Julio César, y quizás sentir y pensar del mismo modo que los autores cuando creaban estas obras. Quizás a esto se refiere la gente cuando me tildan de “viajero en el tiempo”, porque se establece un diálogo hacia atrás y hacia delante en el tiempo. Para mí es muy natural todo este proceso…
LPC: Otro texto de Walt Whitman hablaba sobre los rasgos faciales de Lincoln… ¿Encuentras inspiración en las figuras de estos próceres norteamericanos, en la historia norteamericana?
BC: Soy norteamericano, y por más disparatado que suene para los lectores españoles, me gusta serlo. Los Estados Unidos tienen una tradición maravillosa, y estoy orgulloso de ella, y creo que es de mucho valor para el mundo en varios aspectos: culturalmente, financieramente, en muchas formas. Estoy orgulloso de ser americano…
LPC: Aún en lo tiempos que corren? Bastante polémicos y complicados por cierto…
BC: Sí, son complicados, pero pienso que la idea general que define a los Estados Unidos aún existe: seguimos queriendo que la gente sea libre y feliz. Y continuamos intentando hacer las cosas bien, aunque nos equivoquemos, pero lo acepto, porque al menos lo intentamos. Se podrán reir de nosotros luego, pero el intento existe. Prefiero eso a quedarme paralizado frente a la indecisión o ser indiferente frente a lo que ocurre…
Y en lo que a la tradición musical norteamericana respecta, creo que también es grande. De algo espantoso como la esclavitud, de traer negros de África hacia América, surgió el Jazz. De ese “melting pot” musical surgió el Jazz. Y me encanta sentirme identificado con esta música, o con personajes como Charles Ives o Frederick Douglass, que son importantes dentro de una concepción más completa de los Estados Unidos. Y es justamente lo que se pierde en estos “tiempos polémicos”, como tú los llamaste: la gente se concentra en un sólo aspecto y no ven el todo.
LPC: Volvamos a la música, has elegido sacar un disco con canciones de la guerra civil norteamericana, por qué?
BC: Es un poco lo que hablábamos antes. Estados Unidos en el siglo XIX era un sitio muy turbulento, del mismo modo que lo fue en la guerra de Vietnam o que lo es ahora. Es un país que entra en ebullición cada tanto, y pienso que la Guerra de Secesión fue uno de esos casos. Y transitó esa guerra para luego convertirse en un mejor país. Habría sido más fácil dejar que el Sur tomara su propio camino. Theodore Roosevelt habla de esto en uno de sus famosos discursos. Es un discurso que tuvo lugar en Chicago, y explica este tema de elegir el camino difícil en vez de tomar el camino fácil. Creo que la Guerra Civil es un excelente ejemplo del poder de la política y de la voluntad. La voluntad del hombre de combatir contra sus vecinos defendiendo una idea que creía importante. Es horrible por un lado, pero hay algo de belleza en ese horror. Otro filósofo habla de la extraña belleza de la sensación de volver a estar juntos, el Norte y el Sur, luego de la guerra. Y estas cosas me remiten a la música del disco, que por cierto es en su mayoría de tradición irlandesa. Tiene como particularidad que son canciones muy alegres, pero las letras son tremendamente tristes. Hay una suerte de choque, algo de agridulce en esas melodías que me resulta muy atractivo. Y son también canciones con un “final abierto”, al igual que los standards de Jazz, lo cual te permite jugar y hacer mucho con ellas. Y se sostienen y encuentro mucho camino por recorrer a través de ellas…
LPC: Entonces hay un trabajo de investigación profundo detrás del disco?
BC: Sí, pero no es que me siento en una biblioteca y consulto una discografía o bibliografía específica, es mucho más orgánico, forma parte de mí. Estudié algo de historia durante una época y me interesa trabajar el tema de la guerra en mi música. Es curioso pero durante todas las guerras existió un flujo de creatividad musical simultáneo muy poderoso. Eso me hace pensar que el sufrimiento desprende música de la gente…
LPC: Cómo surgió la idea de hacer un disco a piano dúo con Marc Copland?
BC: Conozco a Marc Copland hace años. Fuimos a su casa un día que estábamos aburridos. Él tenía dos pianos -se había comprado uno nuevo y tenía otro vertical del cual se iba a deshacer- y nos sentamos a tocar durante unos cuarenta minutos. Esto sucedió unos quince años atrás. Luego durante un tiempo buscamos a alguien que nos grabara, pero nadie se interesaba lo suficiente y era bastante caro producir un disco así. Pero luego de seguir cada uno con sus proyectos propios surgió la posibilidad de llevar a cabo el proyecto. Creo que Marc es un hombre muy especial, tiene algo de visionario, y creo que tenemos una forma similar de entender la música. Si todo va bien grabaremos en marzo del 2006, aunque aún no sabemos con exactitud qué es lo que vamos a grabar…

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